15 abr. 2012

Un 14 de abril indignado, un 15M republicano

foto y texto: oscar martínez

Aquellas de nosotras que estuvimos ayer, sábado 14 de abril de 2012, 81 aniversario de la proclamación de la II República, a las 12:00, en la Plaza Catalunya de Barcelona, pudimos comprobar con nuestros propios ojos cómo fuerzas muy heterogéneas, pero con objetivos comunes, fuerzas pertenecientes, tanto a la izquierda tradicional, como a la nueva izquierda, se unían en un solo grito para conmemorar un hecho del pasado, que se ha convertido en una referencia para todas, mal que les pese a los reaccionarios, a los que sólo les queda la represión como única vía para imponer sus impopulares políticas (Isma y Dani, que vuelvan a casa YA!).

Aunque uno no crea en cosas como el destino, a veces la vida le da oportunidades para reconsiderar su postura inicial, porque ¿cómo llamar a la poderosa coincidencia de que el mismo día en que nos encontramos todas, en un lugar con tantas connotaciones recientes como la plaza Catalunya, para reclamar nuestros derechos y libertades civiles, al tiempo que exigimos el retorno de la añorada República laica y social, ahogada en un mar de sangre y fuego por el fascismo, se rompa la cadera el decadente monarca, durante una ignominiosa jornada de caza, para más inri en un empobrecido país africano, justo en un momento en el que los escándalos de su familia no dejan de sucederse uno tras otro? ¿No nos recuerda esto a las meteduras de pata de su abuelo, el putero y admirador de Mussolini Alfonso XIII, quien con su decisión de querer instaurar en España un régimen protofascista dirigido por un general tan chulo como él, cavó su propia tumba y propició el advenimiento de la República, hoy hace 81 años?

¿No estaremos asistiendo a las últimas hazañas de este personaje, falto de cualquier mérito propio, quien debe su corona al genocidio organizado y dirigido por el tercer asesino de masas europeo más grande de la historia? ¿No estaremos presenciando -al tiempo que empujamos entre todas en esa dirección- el fin de un régimen, hijo bastardo de una dictadura, que nació gracias al chantaje propiciado por la amenaza permanente de intervención de unas fuerzas armadas al servicio de una oligarquía que todavía nos subyuga, aunque por poco tiempo, gracias también a la colaboración interesada de una clase política, traidora a los intereses del pueblo?

La reacción se ha quitado la máscara de consenso y legalidad constitucional que la cubría hasta ahora, y se encuentra desnuda y con cada vez menos argumentos para sostenerse. Los pueblos son gobernados por una mezcla de uso de la fuerza y consentimiento. A este pueblo se le está acabando la paciencia.

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