19 may. 2011

Indignados, pero no estúpidos


oscar martínez

Ya era hora de que en este país, estado, reino aspirante a república, etc., etc., se empezara a hablar en público, y por parte de una base social en proceso de re-politización, de cuestiones realmente clave como son la representatividad y la participación democráticas.

Hasta el momento -con algunas excepciones de escaso calado social- los movimientos sociales se habían limitado a exigir medidas políticas concretas del tipo "papeles para todos", "0,7 destinado al desarrollo de los más pobres", "tasa Tobin", etc., pero nadie, nadie, había dicho con tanta claridad hasta ahora que nada de esto es posible sin que el entramado institucional vigente se venga abajo y sea substituido por una mezcla de democracia realmente representativa y más -mucho más- participativa.

Nos engañaríamos si no viéramos que estamos ante los inicios de un proceso constituyente desde abajo. Y algo así era -admitámoslo- impensable hasta hace unos meses, semanas, en realidad, días, quizá horas.

Por esa razón, es necesario, imprescindible, que los partidos tradicionales de la izquierda real se sumen a este proceso constituyente, lo hagan suyo (en el sentido de que lo asuman como propio), y lo refuercen, en lugar de entorpecerlo debido al frecuente error de cálculo que caracteriza su devenir político.

En realidad, estaríamos ciegos si no viéramos que, por primera vez en muchos, muchísimos años, nos encontramos ante la posibilidad -todavía potencial, por supuesto- de que la brecha entre ciudadanía e izquierda transformadora se cierre y, juntos, empecemos a andar por el camino correcto.

Tiene que pasar todavía algún tiempo, pero el mañana está colmado de esperanzas.

Una crítica al movimiento sólo, hecha con cariño. No centréis todas vuestras iras en los/as políticos/as. Ellos son sólo el instrumento, la consecuencia, no la causa. Es cierto que fueron los políticos quienes crearon Maastricht, quienes ahora han firmado el pacto por el Euro, que significa la condena social para millones de europeas y europeos sin futuro. Pero no lo hubieran hecho si el capital no tuviera copado el poder político. Es ahí donde deben ir primero nuestras miradas llenas de ira.

Mirad, si no hay democracia es porque la burguesía nunca la ha querido, y nunca la ha permitido. Mientras la burguesía nos tuvo miedo procuró pactar con nosotros y nos dio un poquito de democracia, ganada por nuestros antepasados con mucho esfuerzo y no pocos muertos. Pero cuando nos perdieron el miedo, cuando hubieron conseguido adormecernos con la apariencia de una sociedad bienestante -en realidad, muy, muy enferma- nos echaron a un lado y pensaron que podían gobernar ellos solos, contando para hacerlo con una clase política corrompida hasta la médula (con algunas sanas excepciones) y unos medios de comunicación dóciles porque son de su propiedad.

Es hora de hacerles ver que se equivocan si piensan que esto puede durar para siempre.

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